Andrés Escobar, una sonrisa que se apagó tras aquel fatídico mundial de 1994
- Deporte Desconocido
- 26 abr 2020
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 21 may 2020
El futbolista colombiano fue asesinado el 2 de julio de 1994 en el aparcamiento frente a un restaurante de Medellín
Jesús García Luque
Andrés Escobar nació el 13 de marzo de 1967 en Medellín en el seno de una familia humilde. Tras su paso por varias academias de futbol locales, pronto sus dotes futbolísticos lo llevaron a convertirse en futbolista profesional. El 31 de agosto de 1986 hace su debut oficial con tan solo 19 años en el equipo de su ciudad natal, el Atlético de Medellín frente al Unión Magdalena.
Escobar, o el caballero del futbol, como así se le conocía dentro del mundo futbolístico fue un defensor central que destacaba por su delicado toque de balón y su gran remate de cabeza. Además, era respetado por su elegancia dentro y fuera de los terrenos de juego.
Dos años más tarde, su juego comienza a deslumbrar a todos, siendo convocado por primera vez por el combinado nacional de Colombia, en 1988 ante Canadá. Los años noventa fueron años de gloria para el fútbol colombiano, la selección nacional tenía una de las mejores plantillas del panorama internacional. La llegada de un central joven y de su clase le venía como anillo al dedo a Francisco Maturana, seleccionador colombiano, que decidió apostar fuerte por “el caballero del futbol”.

Fuente: AS
En 1989, el Atlético Nacional se convierte en el primer equipo colombiano en ganar la Copa Libertadores con Andrés Escobar como principal baluarte. Posteriormente, el central colombiano consiguió alzarse con los campeonatos nacionales de Colombia en 1991 y 1994. En 1990, ayudó con sus buenas actuaciones a conseguir la clasificación para el mundial de Italia.
En el 93, durante la disputa de un partido de la liga colombiana, Andrés se lesiona de gravedad la rodilla con un tiempo de baja de 8 meses. Con el mundial de Estados Unidos a la vuelta de la esquina, el defensor colombiano veía su participación casi imposible dado el nivel mostrado por el equipo meses anteriores. Diversos clubes históricos como el AC Milán ya había contactado con sus representantes para un posible traspaso, el mundial supondría para él, una oportunidad para darse a conocer ante el mundo.
En 1994, Francisco Maturana decide incluirlo en la lista de 23 convocados. La selección sudamericana llegaba al mundial con el papel de favorito dado el nivel de sus mejores jugadores: Tino Asprilla, el “pibe” Valderrama, el “tren” Valencia. Como antecedente, Colombia era un hervidero durante los inicios de los noventa. El país cafetero vivía sumido en un clima de violencia y asesinatos durante aquella década, debido al poder ejercido por los carteles de la droga en aquellos años, donde los narcotraficantes eran los dueños de los mejores clubs colombianos. Por su parte, la plantilla colombiana llegaba al país norteamericano con una gran presión mediática, fruto del estatus alcanzado durante las eliminatorias previas.
El inicio del campeonato fue esperpéntico cayendo derrotado sorprendentemente frente a Rumanía por 3-1. En el segundo partido, la selección tricolor saltaba al campo frente al anfitrión, Estados Unidos, sabedor de que una derrota más los mandaba a casa. Francisco Maturana apostaba por la titularidad de Andrés Escobar, hecho que sin saberlo le cambiaría la vida para siempre. Los jugadores cafeteros saltaron al campo más nerviosos e imprecisos de los habitual, en parte, por las amenazas recibidas al cuerpo técnico días anteriores. Aquel Estados Unidos-Colombia marcó para siempre la historia del futbol mundial. El partido finalizaba 2-1 a favor de los anfitriones con un autogol de Escobar en los minutos finales ante la ira de la hinchada colombiana.
En el tercer y último partido de la fase de grupos, Colombia se impuso sobradamente ante Suiza por 2-0, pero sus opciones de clasificarse eran nulas. La plantilla y staff técnico de la selección abandonan USA abatidos. A su llegada a Colombia, Andrés Escobar dejaba para la historia una frase que le marcaría de por vida: “es solo un partido, la vida no acaba aquí…”.
Diez días después, el 2 de Julio de 1994, ya con todos los jugadores colombianos de vacaciones, una aterradora noticia llenaba las portadas de los periódicos colombianos. “El caballero del fútbol” había sido asesinado a las afueras del restaurante El Indio, en Medellín. Este hecho generó un gran revuelo en el país sudamericano por la pérdida de uno de los mejores defensores que había nacido en Colombia, y por las posibles represalias sobre el resto de los compañeros que disputaron el campeonato del mundo. Días más tarde, la policía nacional con ayuda de varios testigos capturó a los presuntos asesinos. Los hermanos y narcotraficantes, Gallón Henao, que habían perpetrado el asesinato de Escobar junto con su chófer Humberto Muñoz. Durante el juicio Humberto quiso exculpar a Pedro Gallón Henao y Juan Santiago Gallón Henao asumiendo toda la culpa del homicidio, para sorpresa de la familia del fallecido. Humberto Suazo fue condenado a 43 años de prisión y los hermanos Henao a 18 meses de arresto domiciliario.
Andrés Escobar fue despedido por todo lo alto. Dada la conmoción provocada por su fallecimiento, 120.000 personas acudieron a su funeral, destacando la presencia de Cesar Gaviria, presidente de Colombia en aquella época, conocido por su incansable lucha contra el narcotráfico.
Varios testigos presentes en el lugar de los hechos aseguraron ver a los Hermanos Henao increpando al central colombiano a la salida del restaurante por su error en el partido frente a EE. UU., Andrés Escobar movido por su buen corazón, pidió respeto y compresión por su error. Segundos después, Humberto Muñoz, por causas que aún hoy se desconocen, salió de su automóvil y le disparó en seis ocasiones a quema ropa. Andrés Escobar murió a los 23 años, dejando atrás a su esposa Pamela Cascardo, con la que tenía planes de boda a finales de ese mismo año, y la firma de un contrato de cinco años que le uniría al todopoderoso A.C. Milán para sustituir a la leyenda italiana Franco Baresi.
El juicio quedó dicto para sentencia rodeado de polémica. Humberto Muñoz, en prisión y los hermanos Henao, quedaron en libertad vigilada y fueron acusados de manipular el veredicto, aunque nunca pudo demostrarse. Surgieron varias versiones de aquella muerte. Unos atribuían la culpa a los hermanos Henao, otros como el seleccionador colombiano afirmaron que fue un hecho casual: “Estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado”. La fiscalía nacional definió el crimen como una cuestión aislada y circunstancial, algo incomprensible ya que se trata del asesinato de un personaje público. Por su parte, la familia del fallecido acusó a las mafias de apuestas deportivas de tal homicidio.
Este suceso cambió la historia del futbol colombiano. Muchos hinchas recuerdan la muerte del “Caballero del fútbol”, como una pérdida irreparable para el futbol. Los cárteles colombianos le quitaron la vida a uno de los futbolistas con más proyección, que por su elegancia pudo haber triunfado en el futbol europeo. Aquel 2 de julio de 1994 quedará marcado como un día negro para la historia del fútbol.
Bibliografía












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